La historia de un auto
Todos recordamos el De Lorean. Todos, alguna vez, quisimos viajar en su interior o estar frente a su tablero de conducción. El auto más famoso de la historia del cine existió en la realidad, aunque por muy poco tiempo. El De Lorean DMC-12 fue un automóvil deportivo fabricado por De Lorean Motor Company (DMC) entre 1981 y 1982, único modelo que esta compañía llegó a producir.
Sus puertas de ala de pájaro y su carrocería metálica de acero inoxidable lo harían único en su tipo, aunque fue su aparición en la trilogía de Volver al futuro lo que llevó a este auto a la cima de la fama mundial.
El primer prototipo de prueba apareció en 1977, aunque su producción oficial comenzó recién en 1981 en la fábrica que DMC poseía en el norte de Irlanda, destinados todos los modelos, casi en su totalidad, para el mercado norteamericano. John Zachary De lorean llevó adelante su sueño con un modelo de automóvil que estaba 20 años adelantado a su tiempo, pero que a la vez terminó siendo su ruina. En 1982, el empresario fue filmado por agentes del FBI intentado vender un maletín lleno de cocaína por unos cuantos millones de dólares. Las sospechas y las acusaciones que se originaron le costaron su ruptura matrimonial, pérdidas económicas y, años más tarde, pedidos de extradición de varias partes de Europa. Tras producir alrededor de 9.000 vehículos, la empresa se presentó en quiebra ese mismo año.
Tony Ierardi y Stephen Winne han comprado, recientemente, los derechos de DMC con la idea de volver a fabricar el modelo en unidades limitadas. Claro que los precios no serán los mismos (el original costaba 28.000 US$). Se estima que su valor oscilará entre los 55.000 y 60.000 US$ en Estados Unidos, donde se fabricarán únicamente unas 20 unidades por año.
De las 6.000 unidades que se estima existen en la actualidad, pueden verse algunas en varias ciudades de Estados Unidos y algunas pocas en Europa. Incluso cada tanto se organizan reuniones de todos sus dueños para presentar sus modelos y hasta competir por las mejores introducidas en ellos a lo largo de los años.
No creo fácil poder encontrarme con un De Lorean en Buenos Aires, más bien lo creo imposible. Quizás deba conformarme con desbubrir, a la vuelta de la esquina, un modelo de los 80 del tan lindo Ford Sierra…

