Kung Fu Panda golpea fuerte
El oso Po es el protagonista de la película más vista el pasado fin de semana en la ciudad de Buenos Aires: Kung Fu Panda. Al parecer, la enorme campaña de promoción que desde hace meses se viene haciendo en todas las salas de cine (especialmente en los complejos Hoyts) dio excelentes resultados.
Lo cierto es que sumado a esta campaña la oferta de los cines en Buenos Aires comienza a reducirse poco a poco para dar la bienvenida a las tan adorables vacaciones de invierno, y en consecuencia el éxito está garantizado casi exclusivamente para este tipo de producciones. Aquí y ahora, lejos de hacer un análisis sobre la desastrosa situación de la distribución/exhibición de cine en nuestro país, nos proponemos hablar de la maravillosa última película de Dramworks.
En pocos días conseguir una función para ver una película cuyo target de público no sean niños de escuela primaria se volverá una empresa napoleónica, ya todos lo sabemos. De todas formas, hay que decir las cosas como son: Kung Fu Panda es una muy buena película. Jack Black, Dusting Hoffman, Angelina Jolie y Jackie Chan, entre otros, son las voces originales para esta suerte de Kill Bill animado de artes marciales para toda la familia. Narrativamente clásica pero sorprendentemente ágil y moderna en cuanto a su ritmo y puesta visual, Kung Fu Panda no necesita llenar cada línea de diálogo de sus personajes con chistes de doble sentido para capturar al público adulto, de hecho, ningún gag de la película pretende ser un guiño para los padres que acompañana a sus hijos, algo que venía ocurriendo en diferentes películas de animación orientadas al público infantil. Por supuesto, eso no impide que todo el mundo sea capturado por la mística de la película y que las imágenes transporten hacia otro mundo extraordinario tanto a un chico de 10 años como a su padre de 40.
La fábula de la tortuga y la liebre se mezcla con el mundo místico de las historias orientales y el resultado es un cuento de artes marciales, mucho humor y un ritmo que no suelta al espectador desde los primeros segundos hasta el final. Y es raro si uno reflexiona sobre el contenido de la trama o sobre los cargosos mensajes políticamente correctos –aunque nobles– presentes en casi todas las secuencias, pero aquí la respuesta correcta la tienen los creativos y realizadores de Dreamworks (creadores de Shreck) quienes saben con toda claridad que muchas veces no cuenta el qué, sino el cómo. Y en eso la película no falla: no importa demasiado si la historia ya la vimos miles de veces, lo que sí importa es que la cuenten de forma maravillosa, con ternura y mucho humor.
Todo un párrafo independiente podría escribirse halagando la actuación sorprendente del gran Jack Black, la voz en inglés del oso panda. Así que ya saben, si decien ir a verla: ¡que sea la versión original y con subtítulos!


